Ayer mientras arreglábamos el techo de mi casa de unas indeseables filtraciones de agua, mi primo y yo comentábamos y concordábamos la extraña perspectiva de excelencia que tienen algunos profesores universitarios.
Y es que no pocas veces encontré, durante mi carrera universitaria, profesores que sentían el placer más sublime cuando despellejaban a sus estudiantes con calificaciones por debajo de la media (o del zapato en este caso) y con comentarios que cauterizaban toda esperanza de levantar cabeza en el siguiente examen, quiz, tarea o asignación.
No voy a negar que no fui el más aplicado de los estudiantes cuando estuve en la universidad, incluso que tuve que repetir varios cursos por vaguillo... Pero sí tuve mis momentos de gloria académica.
El caso es que en algunos de los cursos en los que me propuse ponerle ganas, los resultados no eran proporcionales al esfuerzo que ponía.
Existe la triste idea en algunas instituciones de que la calidad de un profesor es inversamente proporcional a la cantidad de estudiantes que aprueben sus cursos. Ese es el profesor al que todos miran con admiración, a quien la rectoría atiende sin cuestionar y de quien los estudiantes reciben y aceptan las malas noticias con resignación. No es raro escuchar en los pasillos: "Ese profe si es gato... Nadie pasa con 100 en sus cursos..."
Entonces yo me pregunto: en qué momento el objetivo de un profesor dejó de ser "enseñar" y se convirtió en "filtrar"? El buen profesor no debería ser quien transmite su conocimiento de manera efectiva?
Muchos fueron los casos en que por más que estudiaba, practicaba y hacía forros, el profesor siempre se las ingeniaba para hacerme perder el examen aparatosamente... Al estudiante que le iba bien sacaba 40 de 100 y al final el profesor terminaba haciendo una curva, que más que curva era un círculo completo. Recuerdo una vez en que tan frustrado estaba que en vez de llenar el examen, hice una apología de por qué me iba a ir tan mal y que en el curso siguiente me verían surgir de las cenizas. El profesor pegó ese examen en la puerta de su oficina...
Las veces que estirando las notas logré pasar el curso, terminaba con un mal sabor de boca, pensando que probablemente no merecía haber pasado el curso y que en realidad no aprendí nada. Y es que si las calificaciones indican cuánto conoce uno del tema, al final del curso uno no solo siente que sabe menos que cuando lo empezó sino que también se cuestiona si está en la carrera que debería estar o si mejor debería buscar un oficio como la jardinería que fuera más gratificante, por lo menos las flores muestran siempre su cara bonita cuando uno hace las cosas bien.
Lo peor es que a veces, comparándome con algún estudiante de otra institución, resultaba que mi nivel era igual o mejor, la diferencia es que yo tenía la autoestima por los suelos y el otro, aunque sabía un poco menos, se sentía más seguro de sí mismo y por lo tanto, más feliz.
Será que a ojos de un profesor, un estudiante no es aquel que viene con humildad a abrir su mente y su corazón a las maravillas del universo sino una oportunidad de reafirmar su ego? Porque me parece muy extraño que en un grupo de 40 personas, asumiendo que al menos 30 de verdad están empeñadas en aprender, solo unas 8 sean capaces de alcanzar los misterios del cosmos... Parecen más las clases de adivinación de Harry Potter...
Resultado: no sé si sé algo, y si algo sé, no sé si lo que sé es lo que debería saber. Ignoro si soy ignorante...
Saludos a tod@s!
Viembenidos!!
Gracias por dedicar unas cuantas horas de su tiempo a ver mi BLOG.
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martes, 21 de agosto de 2007
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Hasta ahora 6 personas me han dicho que Viembenidos está mal escrito!!
Rincón serio
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Esposa es quien te ama a pesar de lo malo que hay en ti.
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